Emoción. Esa palabra podría ser el mejor resumen de la itinerancia realizada por la obra “TORRE 5” en la región de Magallanes, que contempló siete funciones entre el jueves 4 de abril y el viernes 12 del mes anterior.
La exitosa propuesta de la directora Jacqueline Roumeau, basada en el incendio que afectó a la cárcel de San Miguel, asumió la responsabilidad de mantener la memoria histórica de un hecho que aún no tiene responsables. Así el teatro se transformó en un medio social para mostrar a la opinión pública las vivencias suscitadas en torno a tan dramática circunstancia. Un espacio donde la voz de los sin voz cobra real importancia.
“TORRE 5” sigue una línea dramática testimonial coherente con todos los trabajos realizados por Jacqueline Roumeau y que el público de las comunas de Punta Arenas, Puerto Natales, Porvenir y Puerto Williams pudo constatar. Bajo una atmósfera reflexiva y con dosis altas de realidad, la pieza teatral es un llamado de atención para que situaciones como la muerte de 81 internos abrazados por las llamas jamás se repitan.
El hermano de un interno fallecido, una gendarme que sufre el dilema entre lo institucional y lo real, la familia de otro occiso, una machi, la madre que perdió a su hijo en la tragedia, junto a la voz de la máxima autoridad nacional conjugan una catarsis que deja al descubierto sus secretos más profundos.
“TORRE 5″ pudo llegar a la zona más austral de Chile gracias a la adjudicación de un Fondart Regional otorgado por el Consejo de la Cultura y las Artes. La propuesta logró que el público asistente se transformara en el mejor juez para dirimir ese doble discurso que marca la relación entre sociedad civil y la alta esfera del poder, esa que muchas veces obliga a callar verdades en una época donde el miedo se encuentra en lenta retirada.
La obra, exhibida en el Instituto Don Bosco, Casa de los Derechos Humanos de Punta Arenas, Liceo Luis Cruz Martínez de Puerto Natales, Liceo Hernando de Magallanes de Porvenir y Salón Multiuso de la Ilustre Municipalidad de Cabo de Hornos, tiene el gran mérito de sacar el velo de los ojos y dilucidar el real sentido que tiene la frase “después de dos años del incendio aún no hay justicia”, emanada al unísono por todos los protagonistas del montaje.
Una justicia que aún discrimina a quienes no forman parte de los círculos de poder, una que deja con estigmas forjados en hierro a quienes cometieron un error y debieron pasar tras las rejas, una que no permite esclarecer las causas que rodearon una muerte masiva tan dantesca. En este escenario, “TORRE 5” refresca la mirada para proporcionar un espacio donde la desidia y el olvido son severamente cuestionados.
Esta propuesta, en cuyo elenco se entremezclan actores profesionales con la familia de Julián Valdebenito, uno de los fallecidos en el fuego, permite vislumbrar el rol que impuso la sociedad a cada uno de los personajes y que a través del teatro encontró el sitio ideal para debatir sobre si el orden establecido es que el que debiera imperar.
Son 70 minutos donde nada se esconde, todo queda a la luz. Un ejercicio de sanación espiritual del cual se regresa bruscamente para adoptar los mismos ropajes cotidianos, donde las diferencias vuelven a visualizarse. Sólo el teatro y TORRE 5 dan ese espacio. El resto son páginas que seguirán redactándose.
*Periodista colaborador de CoArtRe












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